La Tarjeta Visa Business Prepago de Unicaja Banco es una tarjeta de empresa que solo gasta el saldo que se le carga: no concede crédito ni da acceso a las cuentas del negocio. Está pensada para autónomos y pymes que quieren entregar a cada empleado una tarjeta con su propio límite. Recargarla en la red de Unicaja no cuesta nada; pagar o sacar dinero fuera del euro, sí. Nuestro veredicto: es una buena herramienta de control del gasto, pero solo sale barata si se cumple una condición muy concreta.

Qué es una tarjeta prepago (y qué hace esta)

Una tarjeta prepago funciona justo al revés que una de crédito. Allí el banco adelanta el dinero y el cliente se lo devuelve más tarde, con intereses si aplaza el pago; aquí el dinero se pone antes: se carga un importe y la tarjeta gasta hasta agotarlo. Cuando el saldo llega a cero, la tarjeta deja de funcionar hasta la siguiente recarga. El propio folleto de tarifas de Unicaja la define como aquella «en la que se anticipa el importe del consumo», y añade un detalle que conviene retener: no es necesario domiciliar la tarjeta en ningún depósito de ahorro.

Sobre ese esquema, Unicaja monta un producto claramente de empresa, no de particular. La propuesta es entregar una tarjeta por empleado, cargada con el importe que la empresa decida y con límites de uso configurables uno a uno desde la Banca Digital, tanto en comercios como en cajeros. La entidad lo resume en una frase que es, en realidad, el argumento de venta entero: con esta tarjeta «sólo se tendrá acceso al saldo disponible de la tarjeta, nunca a cuentas o créditos de la empresa».

Esa es la diferencia práctica frente a dar a un comercial una tarjeta de débito de la cuenta del negocio o una de crédito de empresa: en esos dos casos, un descuido, un robo o un gasto fuera de control tocan el dinero real de la empresa o su línea de crédito. Aquí la exposición máxima es lo que se cargó, ni un euro más. A cambio, impone una disciplina que no todo el mundo quiere: si el empleado se queda sin saldo en mitad de un viaje, alguien tiene que recargarla.

Costes reales

Aquí se decide si la tarjeta compensa. Empecemos por lo que se paga una sola vez: la comisión de emisión es de 5 € por tarjeta, tanto en la modalidad de empresa como en las adicionales. Después, la cifra que hay que mirar con lupa, el mantenimiento: 32 € al año por tarjeta, con el primer año exento. Pero la ficha del producto abre una segunda puerta: baja a 5 € al año si el contratante tiene además otra tarjeta de débito o de crédito de Unicaja.

La diferencia no es menor, y es la crítica principal que le hacemos al producto. Una empresa con cinco tarjetas paga 25 € de emisión y nada de mantenimiento el primer año; a partir del segundo pagará 160 € anuales si no cumple esa condición, o 25 € si la cumple. Son 135 € al año de diferencia por una vinculación que el cliente puede no querer. Y 32 € por tarjeta es caro para un producto sin financiación: no hay programa de puntos, cashback ni seguro publicado que lo compense.

En el uso diario, la buena noticia es la recarga: poner dinero en la tarjeta en los cajeros automáticos o en las oficinas de Unicaja cuesta 0,00 € por recarga. En un producto donde se recarga muchas veces al año, esa línea pesa más que ninguna otra de la tarifa. Retirar efectivo a débito también es gratuito en la red propia de Unicaja, incluida la Red Liberbank; en los cajeros de EURO 6000, Banco Sabadell, Bankinter, Caja de Ingenieros, Arquia Banca y Euronet de las provincias que la entidad publica, la gratuidad se aplica a partir de 120 € por operación. En los cajeros de otras entidades nacionales y en los de la zona euro, Suecia y Rumanía, Unicaja repercute el 100 % de lo que la entidad dueña del cajero le cobre a ella, un importe que el cliente no conoce antes de operar.

Fuera de la Unión Europea la cosa se encarece: sacar dinero cuesta el 4,00 % del importe, con un mínimo de 3,50 €. Y cualquier operación en moneda distinta del euro, sea compra o retirada, lleva un 3,95 % de comisión de cambio, con el tipo de cambio obtenido por Visa en la fecha de liquidación. Para una empresa que viaja, ese 3,95 % es el dato que descarta la tarjeta. Falta una cuarta cifra: Unicaja no publica cuánto cuesta la sustitución de una tarjeta perdida o deteriorada.

ConceptoCoste publicado
Comisión de emisión (empresa o adicional)5 € por tarjeta
Mantenimiento anual32 € por tarjeta
Mantenimiento el primer año0 €
Mantenimiento con otra tarjeta de débito o de crédito de Unicaja5 € al año por tarjeta
Recarga en cajeros u oficinas de Unicaja0,00 € por recarga
Retirada de efectivo en la red de Unicaja (incluida la Red Liberbank)0 €
Retirada en EURO 6000, Sabadell, Bankinter, Caja de Ingenieros, Arquia Banca y Euronet, en las provincias publicadas0 € a partir de 120 € por operación
Retirada en otros cajeros nacionales y en la zona euro, Suecia y Rumanía100 % de lo que cobre la entidad dueña del cajero
Retirada de efectivo fuera de la Unión Europea4,00 % del importe, mínimo 3,50 €
Cambio de divisa (compras y retiradas en moneda distinta del euro)3,95 %
Intereses por aplazar el pagoNo aplica: la tarjeta no concede crédito
Intereses de demora o comisión por impagoNo aplica: no hay deuda que reclamar
Sustitución de la tarjetaUnicaja no lo publica

Recarga y límites

La recarga es el gesto que define la vida de esta tarjeta, y Unicaja la tarifa a cero en dos canales concretos: los cajeros automáticos y las oficinas de la entidad. Es lo único que el folleto tarifa de forma expresa, así que, si la empresa espera recargar por otra vía, conviene preguntarlo antes de firmar: el coste de esos otros canales no está publicado. Tampoco hace falta domiciliar la tarjeta en un depósito de ahorro, lo que permite tener varias cargadas sin abrir una cuenta por cada una.

El control fino se hace desde la Banca Digital: Unicaja permite configurar cada tarjeta de forma personalizada para limitar el uso diario en comercios y en cajeros, de modo que un mismo lote puede llevar un techo distinto por empleado, bajo para quien solo repone material de oficina y más alto para quien viaja. La misma herramienta permite bloquear o apagar una tarjeta, algo útil cuando un empleado deja la empresa o cuando la tarjeta desaparece un viernes por la tarde.

Donde la información se queda corta es en los topes. Unicaja no publica en la ficha del producto el saldo máximo que admite la tarjeta, ni un importe o una frecuencia máxima de recarga, ni una edad mínima para el titular. Para una empresa que quiera cargar varios miles de euros en la tarjeta de un comercial, ese silencio no es un detalle menor: es una pregunta que hay que hacer en la oficina y dejar por escrito. Tampoco consta si la tarjeta admite pago sin contacto, versión virtual o Bizum, ni si lleva algún seguro asociado; este análisis no da por hecho nada que la entidad no publique.

Lo que no tiene, y por qué ese es el punto

Conviene decirlo con todas las letras, porque en una tabla comparativa esos ceros se confunden con lagunas: esta tarjeta no tiene TAE ni TIN, no tiene límite de crédito y no tiene período sin intereses. No es que Unicaja no publique esos datos: es que el producto no los genera. Una prepago no presta dinero, así que no hay nada que devolver, nada que aplazar y ningún interés que pagar. Por lo mismo no existen intereses de demora ni comisión por impago: no puede haber impago cuando no hay deuda.

De ahí se deriva la segunda ausencia, la que abre la puerta del producto. Al no conceder crédito, no hay análisis de riesgo de crédito ni exigencia de ingresos mínimos. Una pyme joven, un autónomo que empieza o un negocio que no quiere abrir una línea de crédito más pueden tener estas tarjetas sin pasar por el filtro que rechazaría una solicitud de tarjeta de crédito de empresa. Puertas adentro vale lo mismo: se puede entregar una tarjeta a un empleado recién incorporado sin evaluar nada, porque el riesgo que asume la empresa es el saldo que ella misma ha decidido cargar.

La contrapartida hay que decirla igual de claro. Una prepago no construye historial de crédito. Un negocio que use estas tarjetas durante tres años no está creando por esa vía ningún antecedente de pago que le facilite después una póliza, un préstamo o una tarjeta de crédito de empresa. Tampoco da aire a la tesorería: con una tarjeta de crédito, el gasto de un mes se liquida al siguiente, y ese desfase es dinero que la empresa usa mientras tanto. Con la prepago, el dinero sale antes de gastarlo. Quien busque financiación, aunque sea de treinta días, no encontrará aquí nada.

Seguridad y protección del saldo

En un producto sin intereses, el riesgo que hay que evaluar no es el coste de la deuda: es quién guarda el dinero. Muchas prepago del mercado las emite una entidad de dinero electrónico distinta del banco o de la marca que las comercializa, y el cliente acaba con el saldo en una entidad cuyo nombre ni siquiera aparece en la publicidad. No es el caso aquí: la emisora es Unicaja Banco, S.A., una entidad de crédito española inscrita en el registro de entidades del Banco de España, la misma que comercializa el producto y la que atiende en la oficina. Para una empresa que va a mantener saldo cargado de forma permanente, esa coincidencia entre quien vende y quien custodia es una ventaja real.

Hay un matiz que la propia entidad publica: el saldo de una prepago no está domiciliado en ningún depósito de ahorro. No es dinero que esté en la cuenta corriente del negocio, sino cargado en la tarjeta, y Unicaja no detalla en la información del producto qué régimen de protección se aplica a ese saldo. Es la pregunta que recomendamos hacer en la oficina antes de cargar importes altos.

Ante un robo o una pérdida, la exposición se limita al saldo de esa tarjeta concreta: ni las cuentas de la empresa ni sus líneas de crédito quedan al alcance de quien la tenga. La primera medida es la de siempre: bloquear o apagar la tarjeta desde la Banca Digital en cuanto se detecte el problema y comunicar a la entidad cualquier operación no autorizada, cuanto antes mejor.

Requisitos

Los requisitos son deliberadamente ligeros, y esa es una parte del atractivo. El producto está dirigido a pymes y autónomos, y se contrata en cualquier oficina de Unicaja o solicitándolo desde el formulario de contratación de la web del producto. No hay ingresos mínimos que acreditar ni un estudio de riesgo que superar, porque no se concede crédito. La condición de uso es una sola y es evidente: hay que recargar la tarjeta antes de usarla, porque solo se puede disponer del saldo previamente cargado. Y hay una condición económica que conviene tener presente desde el primer día: para pagar 5 € anuales de mantenimiento en lugar de 32 €, el contratante debe tener además otra tarjeta de débito o de crédito de Unicaja.

RequisitoCondición publicada
Perfil del solicitantePymes y autónomos
Ingresos mínimosNo se exigen: la tarjeta no concede crédito
Análisis de riesgo de créditoNo procede
Edad mínima del titularUnicaja no la publica
Dónde se contrataOficinas de Unicaja o formulario de contratación de la web
Condición de usoRecargar antes de usar: solo se dispone del saldo cargado
Condición para el mantenimiento de 5 €Tener otra tarjeta de débito o de crédito de Unicaja

Para quién merece la pena (y para quién no)

La pyme con varios empleados que ya trabaja con Unicaja

Es el perfil para el que está hecha. Una empresa con seis comerciales que gastan en combustible, dietas y material paga 30 € de emisión una sola vez, no paga mantenimiento el primer año y, si el contratante tiene otra tarjeta de Unicaja, se queda en 30 € anuales por las seis tarjetas. Recarga sin coste en cajeros y oficinas, límite diario distinto para cada empleado, y la tranquilidad de que una tarjeta olvidada en un hotel no toca la cuenta del negocio. A este precio y con este nivel de control, la respuesta es sí.

El autónomo que solo quiere separar el gasto del negocio

Aquí la cuenta cambia. Una sola tarjeta cuesta 5 € de emisión y nada el primer año, pero desde el segundo son 32 € anuales si no se tiene otra tarjeta de Unicaja. Para el único fin de separar el gasto profesional del personal, una tarjeta de débito asociada a una cuenta del negocio suele hacer el mismo trabajo por menos dinero, y además ahorra el paso de recargar. La prepago solo gana si lo que se busca es un tope duro de gasto que no dependa de la fuerza de voluntad.

La empresa que viaja o compra fuera del euro

No es su tarjeta. El 3,95 % de comisión de cambio en cualquier operación en moneda distinta del euro, sumado al 4,00 % con un mínimo de 3,50 € por sacar dinero fuera de la Unión Europea, convierte cada viaje en un sobrecoste constante. Una empresa con gasto internacional habitual encontrará en el mercado tarjetas de empresa con condiciones de divisa bastante mejores. Y si lo que se necesita es aplazar el pago de una compra grande o construir historial con el banco de cara a una financiación futura, la prepago queda descartada por definición: no hace ni una cosa ni la otra.

Cómo solicitarla

Unicaja mantiene el producto activo y ofrece dos vías. La primera es la de siempre: acudir a cualquier oficina de Unicaja, donde se firma el contrato y se activan las tarjetas. La segunda es rellenar el formulario de contratación que la entidad publica en la página oficial de la Tarjeta Visa Business Prepago, desde donde se solicita información y la entidad contacta con la empresa. No es, por tanto, una contratación cien por cien digital, y para una pyme acostumbrada a abrir productos desde el móvil en cinco minutos, ese paso por la oficina es una fricción que conviene prever.

Antes de firmar, tres preguntas concretas que recomendamos llevar por escrito:

  • Cuál es el saldo máximo que admite cada tarjeta y si hay un tope de recarga.
  • Cuánto cuesta sustituir una tarjeta perdida, robada o deteriorada.
  • Qué canales de recarga están disponibles además del cajero y la oficina, y a qué precio.

Son tres datos que Unicaja no publica y que pueden cambiar el cálculo por completo.

Conclusión editorial

La Tarjeta Visa Business Prepago de Unicaja resuelve bien un problema muy concreto: dar plástico a un equipo sin abrir la caja de la empresa. El diseño es coherente de principio a fin, con límites configurables tarjeta a tarjeta, bloqueo inmediato desde la Banca Digital y una exposición máxima que nunca supera lo que se cargó. Y tiene un acierto que en una prepago vale mucho: recargarla en la red de Unicaja no cuesta nada, algo que no todas las prepago del mercado ofrecen.

Lo que le impide una nota más alta son dos cosas. La primera es el mantenimiento: 32 € al año por tarjeta es caro para un producto sin financiación, sin programa de puntos y sin seguros publicados, y el precio razonable de 5 € está condicionado a tener otra tarjeta de Unicaja, es decir, a una vinculación. La segunda es la opacidad en datos que una empresa necesita antes de firmar, como el saldo máximo, la edad mínima del titular o el coste de sustitución. Y para quien opere fuera del euro, el 3,95 % de cambio de divisa la deja fuera de la conversación. Recomendada para pymes vinculadas a Unicaja con varios empleados que gastan en euros; para el resto, hay opciones mejores.

Análisis actualizado en agosto de 2026 con las condiciones publicadas por la entidad y el registro de entidades del Banco de España.