La Tarjeta Prepago Money es la tarjeta monedero de CaixaBank: se carga primero y se gasta después, sin crédito, sin deuda y sin intereses. Está pensada para quien quiere un saldo cerrado y separado de su cuenta corriente, ya sea para ajustarse a un presupuesto o para comprar por internet sin exponer la cuenta. Nuestro veredicto en una frase: es una prepago bien protegida y con límites generosos, pero cara de mantener si se recarga a menudo y muy cara en cuanto se sale de la zona euro.
Qué es una tarjeta prepago (y qué hace esta)
Una tarjeta prepago funciona al revés que una de crédito. En una de crédito, el banco adelanta el dinero y el titular lo devuelve después, con intereses si aplaza. En una prepago no hay adelanto: el titular ingresa antes una cantidad concreta —eso es la recarga— y solo puede gastar ese saldo. Cuando se agota, la tarjeta deja de funcionar hasta la siguiente recarga. No hay factura a fin de mes ni cuota aplazada, porque el dinero gastado ya era del cliente.
De ahí el nombre de «tarjeta monedero»: se comporta como un monedero físico, del que no se puede sacar más de lo que hay dentro. Y de ahí su función más útil, que es acotar el riesgo. El dinero expuesto en una compra por internet, en un viaje o en manos de un tercero es exactamente el que se haya cargado, ni un euro más.
La Tarjeta Prepago Money es la versión de este producto en la mayor entidad del país. Es de la red Visa, aceptada en los comercios de todo el mundo que trabajen con esa marca, y es nominativa: el titular tiene que ser una persona mayor de 18 años, residente en España con DNI o NIE y cliente de CaixaBank. No es una tarjeta regalo al portador ni puede ponerse a nombre de un menor.
Un matiz importante sobre quién la emite: aunque se contrata en CaixaBank y lleva su marca, la tarjeta la emite Global Payments MoneyToPay, E.D.E., S.L., una entidad de dinero electrónico de la que CaixaBank, S.A. actúa como entidad agente. Volveremos sobre ello, porque en un producto sin intereses lo relevante no es cuánto cuesta el dinero, sino quién custodia el saldo.
Costes reales
Aquí se juega la comparación entre prepagos, y esta tarjeta cobra por casi todo lo que se hace con ella. Empieza cobrando por existir: 12 € de cuota de emisión al contratarla y 12 € anuales de mantenimiento a partir del segundo año, se use la tarjeta o se quede en un cajón. No hay cuota mensual: la que publica la entidad es anual.
Después cobra por cada recarga. Poner dinero en la tarjeta cuesta 0,50 € por operación desde CaixaBankNow (web y app) o desde un cajero automático, y un 1 % del importe con un mínimo de 1 € si se hace en oficina. Conviene fijarse en ese mínimo: en ventanilla, cualquier recarga por debajo de 100 € paga 1 € fijo, de modo que recargar 20 € cuesta un 5 % de lo recargado. La oficina es siempre, como mínimo, el doble de cara que la vía digital.
El coste anual real depende del número de recargas, no del dinero movido. Quien recargue una vez al mes desde la app pagará 6 € de recargas más los 12 € de mantenimiento: 18 € al año. Quien lo haga dos veces al mes pagará 24 €, mueva 200 € o 5.000 €.
Sacar efectivo es gratis en los cajeros de CaixaBank, hasta el límite del saldo disponible. Fuera de España cambia todo: la retirada en cajeros del extranjero cuesta un 4,50 % del importe con un mínimo de 4 €, y la propia entidad advierte de que la comisión se aplica «según la zona geográfica en la que se efectúe la operación, de acuerdo con las tarifas vigentes en cada momento», así que ese 4,50 % no es un precio único para todo el mundo. Con ese mínimo, sacar 50 € fuera equivale a un 8 % de comisión.
A eso se suma el cambio de divisa: las operaciones en una moneda distinta del euro se convierten al tipo de cambio de Visa del día, incrementado en 3,95 puntos porcentuales. Leídas juntas, las dos condiciones implican que una retirada en un cajero fuera de la zona euro puede acumular las dos cosas, la comisión de retirada y el recargo de cambio. Esta no es una tarjeta para viajar.
| Coste | Importe |
|---|---|
| Emisión (al contratarla) | 12 € |
| Mantenimiento anual | 12 € al año, a partir del segundo año |
| Cuota mensual | No la hay: la cuota publicada es anual |
| Recarga en CaixaBankNow (web y app) o en cajero | 0,50 € por recarga |
| Recarga en oficina | 1 % del importe recargado, con un mínimo de 1 € |
| Retirada de efectivo en cajeros de CaixaBank | Gratis, hasta el límite del saldo disponible |
| Retirada de efectivo en cajeros del extranjero | 4,50 % del importe, con un mínimo de 4 €, según la zona geográfica y las tarifas vigentes en cada momento |
| Operaciones en divisa distinta del euro | Tipo de cambio de Visa del día, incrementado en 3,95 puntos porcentuales |
| Intereses (TIN y TAE) | No aplica: la tarjeta no concede crédito, así que no genera intereses |
| Intereses de demora o comisión por impago | No aplica: no hay cuotas aplazadas ni deuda que pueda impagarse |
| Sustitución o reemisión por pérdida o robo | La entidad no publica su importe en la página del producto; conviene consultar el folleto de tarifas antes de contratar |
Recarga y límites
El dinero entra en la tarjeta por tres vías: CaixaBankNow, en web y en aplicación móvil; los cajeros automáticos; y la oficina. Las dos primeras cuestan 0,50 € por operación y la tercera, un 1 % con un mínimo de 1 €. Poder recargar en ventanilla y en cajero es lo que distingue a esta tarjeta de las prepago de marcas puramente digitales, aunque sea la vía más cara.
El importe mínimo de recarga es de 10 €, salvo que las condiciones particulares indiquen otra cosa. Es un suelo bajo, pero con el coste fijo por delante: recargar ese mínimo desde la app supone pagar un 5 % en comisión. La lógica del producto premia las recargas grandes y espaciadas.
Los límites operativos son holgados para lo que se estila en el segmento. El saldo máximo de la tarjeta es de 10.000 €. La recarga máxima es de 5.000 € al día y de 2.500 € por operación, así que llenarla del todo desde cero exige varias operaciones repartidas en más de un día, y cada una paga su comisión. Ese techo de 10.000 € es alto para una tarjeta monedero y abre usos que otras prepago no permiten.
En la operativa diaria, la tarjeta permite activar y desactivar por separado las compras por internet, las compras en el extranjero y la retirada de efectivo: un control fino y poco habitual, que permite dejarla cargada con el efectivo bloqueado o abrir las compras online solo el rato que dure una operación. Es compatible con el pago desde el móvil y el reloj, en dispositivos Google, Samsung, Apple, Garmin y Swatch. Lo que no ofrece es versión virtual: la tarjeta virtual de la gama prepago es otro producto, la CyberTarjeta.
Lo que no tiene — y por qué ese es el punto
Esta tarjeta no tiene TIN ni TAE, no tiene límite de crédito y no tiene período sin intereses. No es que la entidad no los publique: es que un producto que solo permite gastar un saldo ya ingresado no genera intereses de ninguna clase. No hay nada financiado, así que no hay coste del dinero que calcular. Comparar esta tarjeta con una de crédito por la vía de la TAE no tiene sentido.
Tampoco hay análisis de riesgo de crédito ni ingresos mínimos. Como la entidad no presta dinero, no necesita comprobar si el solicitante podrá devolverlo. Ese es el corazón del producto y su mayor virtud: abre el pago con tarjeta a quien una de crédito rechazaría —quien figura en un fichero de impagados, quien tiene ingresos irregulares o no puede acreditarlos, o quien sencillamente no quiere endeudarse—. Y es una herramienta de disciplina: con una prepago es imposible gastar de más, porque se detiene sola al agotarse el saldo.
La contrapartida hay que decirla igual de clara: una prepago no construye historial de crédito. Como no hay préstamo, no hay pagos puntuales que demuestren nada ante un banco. Quien use una tarjeta con la esperanza de labrarse un expediente para pedir después una hipoteca o un préstamo al consumo no gana nada con este producto. Y un segundo matiz rebaja la promesa de accesibilidad: para contratar esta tarjeta hay que ser ya cliente de CaixaBank y tener cuenta abierta, de modo que la ausencia de análisis de riesgo no sirve de nada a quien no tenga antes esa puerta abierta. La entidad tampoco publica ningún programa de recompensas asociado a la tarjeta: aquí no hay que esperar cashback ni puntos.
Seguridad y protección del saldo
La primera capa de seguridad es estructural: la tarjeta no está vinculada directamente a la cuenta corriente. Ante una pérdida, un robo o un fraude solo queda expuesto el saldo cargado en ese momento, no el dinero de la cuenta. Es la razón principal para llevarla de viaje pese a su precio, o para usarla en comercios online poco conocidos.
La segunda es la protección antifraude que ofrece la entidad: aviso al móvil ante importes sospechosos, posibilidad de reclamar operaciones fraudulentas y bloqueo inmediato de la tarjeta desde la aplicación en caso de pérdida o robo.
La tercera es la que más gente pasa por alto. El saldo de esta tarjeta es dinero electrónico, no un depósito bancario. Lo emite Global Payments MoneyToPay, E.D.E., S.L., una entidad de dinero electrónico, con CaixaBank como entidad agente. Estas entidades están autorizadas y supervisadas y tienen la obligación de salvaguardar los fondos de sus clientes separados de los propios, pero ese saldo no es un depósito y no lo cubre el Fondo de Garantía de Depósitos, que solo protege el dinero depositado en las entidades de crédito. No es motivo de alarma, pero sí una razón sensata para no usar una prepago como sitio donde aparcar 10.000 € de forma permanente: el saldo debe ser dinero de uso, no de ahorro. Quien quiera comprobar la situación de la emisora puede consultarla en el registro de entidades del Banco de España.
Requisitos
Los requisitos son de perfil, no de solvencia: no se piden ingresos mínimos ni se valora el riesgo de crédito, pero sí hay que cumplir condiciones de edad, residencia y vinculación con la entidad. Esa es la diferencia práctica con una tarjeta de crédito, donde el banco decide si concede o no según la capacidad de pago del solicitante; aquí la respuesta no depende de la solvencia, sino de encajar en el perfil. La contratación se hace desde la banca digital, en la ruta «Contratar > Tarjetas > Money». Y como en cualquier contrato a distancia, existe un derecho de desistimiento de 14 días naturales desde la firma, un plazo que conviene tener presente si al ver las comisiones se decide dar marcha atrás.
| Requisito | Condición |
|---|---|
| Edad mínima | 18 años |
| Residencia | Residir en España, con DNI o NIE |
| Vinculación | Ser cliente de CaixaBank y tener cuenta bancaria |
| Titularidad | Nominativa: una persona física titular, no al portador |
| Ingresos mínimos | No se exigen: la tarjeta no concede crédito |
| Análisis de riesgo de crédito | No procede |
| Contratación | Banca digital, en «Contratar > Tarjetas > Money» |
| Recarga mínima | 10 €, salvo que las condiciones particulares indiquen otra cosa |
| Desistimiento | 14 días naturales desde la firma del contrato |
| Red | Visa |
Para quién merece la pena (y para quién no)
El cliente de CaixaBank que quiere un saldo acotado. Es el perfil natural del producto: alguien que ya tiene cuenta en la entidad y quiere separar una cantidad concreta del resto de su dinero, sea el presupuesto de las compras online del mes, el dinero de un viaje o el gasto de un hijo mayor de edad al que se le carga una cantidad fija. Recargando una o dos veces al mes desde la app, pagará entre 18 y 24 € al año a partir del segundo ejercicio, y tendrá a cambio un compartimento estanco, con interruptores propios y sin exposición de la cuenta corriente. Para ese uso, el precio es defendible.
Quien no quiere deuda o no consigue una tarjeta de crédito. Aquí la tarjeta cumple, con advertencia. Cumple porque no hay análisis de riesgo, ni ingresos mínimos, ni posibilidad de gastar de más: quien tenga incidencias en un fichero de impagados o evite el crédito por principio puede pagar con tarjeta y comprar por internet con normalidad. La advertencia es doble: hay que ser ya cliente de CaixaBank, lo que deja fuera a quien no lo sea, y el producto no construye historial. Si el objetivo de fondo es acceder algún día a financiación, esta tarjeta no acerca ni un paso.
Para quién no. No es una tarjeta de viaje: el 4,50 % con mínimo de 4 € en cajeros del extranjero y los 3,95 puntos porcentuales sobre el tipo de cambio de Visa la dejan lejos de cualquier alternativa pensada para gastar fuera. Tampoco es para quien hace muchas recargas pequeñas, porque los 0,50 € por operación —o el mínimo de 1 € en oficina— convierten el uso intensivo en una sangría de comisiones. No sirve para menores, porque exige 18 años, ni para quien busque recompensas, que no las hay. Y quien solo quiera una tarjeta virtual para comprar en internet debe mirar la CyberTarjeta, que es el producto de la gama diseñado para eso.
Cómo solicitarla
La contratación es íntegramente digital y está reservada a clientes de la entidad: entrar en CaixaBankNow, ir a «Contratar», después a «Tarjetas» y elegir «Money». Hay que ser mayor de 18 años, residir en España, disponer de DNI o NIE y tener cuenta abierta en el banco.
Antes de firmar conviene hacer dos cosas. Calcular cuántas recargas se prevén al año y multiplicarlas por 0,50 €: ese número, sumado a los 12 € de mantenimiento, es el coste real del producto. Y leer las condiciones particulares y el folleto de tarifas, que es donde figuran los importes que la página comercial no detalla, como el coste de sustitución de la tarjeta o el desglose de la comisión de efectivo por zona geográfica.
Las condiciones completas y actualizadas están en la página oficial de la Tarjeta Prepago Money de CaixaBank, y los términos del contrato de tarjeta prepago, en la web de la emisora, Global Payments MoneyToPay.
Conclusión editorial
La Tarjeta Prepago Money hace bien lo esencial de una tarjeta monedero: acota el riesgo, no permite endeudarse, no exige solvencia y separa el dinero de la cuenta corriente, con un techo de saldo de 10.000 € alto para el segmento y unos controles de uso —internet, extranjero, efectivo— más finos que los de muchos competidores. Para un cliente de CaixaBank que quiera un compartimento estanco y lo recargue pocas veces al año, es una opción razonable.
Lo que hace mal es cobrar en cada esquina. Doce euros de emisión, doce anuales de mantenimiento y medio euro por cada recarga son un peaje difícil de justificar frente a las prepago de las marcas digitales que dominan este segmento en España, y las condiciones fuera de la zona euro son directamente disuasorias. A eso se suma una limitación de acceso que contradice en parte la promesa del producto: la prepago es la tarjeta de quien no puede acceder a otras, pero esta exige ser cliente previo del banco. Le damos 3 sobre 5: producto correcto y bien construido, precio caro y puerta de entrada estrecha.
Análisis actualizado en agosto de 2026 con las condiciones publicadas por la entidad y el registro de entidades del Banco de España.
